Nocturno con anclaje

25.07.2012 00:48

 

Siento la noche distinta

a pesar del mismo mar agitado

que me atrapa desde hace días

 

Indiferentes, descansan encaradas al sur las nueve gaviotas en su roca

y, unas rompientes más allá, la vieja familia de afilados cormoranes

 

Siento la noche distinta

tal vez por ella, autista sobre su plancha... ¡Qué le estará pasando?

O tal vez porque ahora, de repente, me siento agotado, cansado de estar vivo

¿Recuerdas “Il Postino”?

 

Durante la mañana el protagonista fue el blanco de la espuma de las olas

que se escapaba y correteaba más allá, sobre los lomos de las nubes, las paredes encaladas y las dentaduras

Me conectaba una alegría generosa y espontánea

y yo la hacía propia

 

Dominaban de fondo, sin embargo, el limpio celeste y el profundo marino...

Mientras, pacientes y humildes, el verde y el pardo yacían sobre las suaves pendientes que besan la orilla

 

Y ella... Se mostraba tan contundente al asegurarme que mi bicicleta no tenía alma y la suya sí,

mientras me extendía las manos...

frescas... transparentes... limpias...

Y era cierto, su bicicleta tiene alma y la mía siempre estuvo muerta...

Mi alma la concentré en mis botas de montaña, en mi piragua, en el quimono

en mis poemas y en cuantos amo y amé

Más allá, mi alma está y siempre estuvo perdida y disuelta

o rendida a los pies de cualquier diminuto universo

 

¡Ay! Hospitalarias sábanas, esperadme

pronto necesitaré anclar mi jaima sobre vuestras abandonadas olas de hilo fino  

 

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Miguel Cabeza