Pescaíto frito

25.10.2011 21:05

Por fin aquí. Otra vez el frescor marino. La mirada abierta a la noche. La huida inevitable de las preocupaciones. De nuevo la desnudez del ser.

Inspiro. Inspiro profundamente. Los pulmones se abren en abanico, estirando océano, noche, estrellas, inmensidad y... ¡pescaíto frito!

Ruptura forzada, malévola traición del cosmos. Toda la traición, concentrada en un olor: Olor de pescaito frito.

Su densidad emana ambiciosa desde los cercanos baretos del escaso paseo marítimo. La rabia substituye rápidamente a la sorpresa. Necesitaba el mar, la inmensidad; no el pescaíto frito.

Pero no libera la frustración de las nuevas traiciones que acechan... Ahí está el gato pardo... Sombra ladrona de sombras que se me cuela por la trastienda de la vista aprovechándose de mi profunda confusión y de mi, no menos, profunda inspiración.

Ya nada puedo hacer para volver atrás. Se me ha metido dentro. Muy dentro... Y siento como sus pelos se expanden como textiles espaguetis a medida que recorren las venas pulmonares e impiden progresivamente el flujo del aire. “Que muerte tan estúpida”, me digo. Asfixiado por pelo de gato. Espaguetis de gato. No quiero morir así...

No, no quiero... y por eso será mejor que cambie de pensamiento y vuelva al tema inicial... El frescor marino, la mirada abierta a la noche, la huída inevitable de las preocupaciones... De nuevo la desnudez del ser...

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Miguel Cabeza